Elisabet Motos

¿A qué edad tomaste la decisión de estudiar?

Dejé de estudiar con 14 años y me quedé sin hacer nada. Con el tiempo me di cuenta de que lo echaba de menos y me gustaba, así que a los 17 años decidí volver a estudiar y me saqué el graduado escolar. Acudía a las clases nocturnas hasta segundo de BUP, accedí a la universidad mediante el acceso para mayores de 25 años y comencé la carrera de Trabajo Social. Paralelamente he seguido formándome, y he hecho un curso de experto universitario en intervención social con población gitana de la Universidad de Navarra, un máster de coaching de la Universidad Europea, y un curso de mediación intercultural e intervención en el empleo.

¿Cómo  reaccionó tu familia? ¿Te apoyaron?

Al principio no entendían por qué estudiaba, pensaban que era una pérdida de tiempo. Tuve que compaginar la casa con mis estudios, así que estudiaba por las noches, a partir de la 1 cuando todos dormían, para poder llegar a todo.

¿Te has sentido discriminada por ser gitana en la universidad en algún momento?

En el instituto no, en los cursos de formación tampoco, pero en la universidad sí. Encontré comentarios racistas y discriminatorios contra los gitanos por parte de los profesores de Trabajo Social. Y en los libros, para mi sorpresa, también. Hay un libro de Trabajo Social de la UNED en el que se considera a los gitanos como un problema social. En un examen me definieron como un problema social, y lo denuncié como discriminatorio. Me comunicaron que se cambiaría, pero aún no se ha producido el cambio.  Dejé de ir a las tutorías porque me cansé de ser discriminada.

¿Te  sientes menos gitana por haber estudiado?

No, es más, me siento orgullosa de haber roto barreras para otras mujeres que vienen detrás de mí, siento que he abierto camino. Y hay que tener valor para hacerlo. Me gusta ser un referente.

¿Qué te motivó para hacer este trabajo? ¿Por qué elegiste esta profesión?

Me motivó conocer la Fundación y ver los programas que tienen. Entendí claramente que es lo que quería hacer. Comencé como usuaria, pero enfocada a ser parte de la fundación. Así pasé a ser mediadora, luego orientadora laboral, después técnico de acompañamiento de empresa de inserción y ahora coordinadora de www.gitanasavanzando.com

¿Qué objetivos has alcanzado?

Primero realizarme, pero también desarrollar mis dones y talentos que tenía que sacar a la luz, y ponerlos en práctica. Disfrutar y compartir me llena. En todo el camino que he recorrido para llegar hasta aquí, no he perdido lo más importante: mi familia y mi entorno, mi gente. No es incompatible ser profesional y ser gitano.

¿Cómo te ha cambiado la vida?

Me ha cambiado mucho, miro atrás y veo que he tenido la suerte de elegir la vida que quería vivir.

¿Qué  consejos darías a otras mujeres gitanas?

Que valen, que pueden y que no se conformen.

¿Te arrepientes de algo?

A veces me arrepiento de no haber sido más valiente todavía. Muchas veces estamos muy condicionadas por la sociedad gitana.

¿Qué  has sacrificado para llegar a donde estás?

En realidad nada, porque pensé que iba a quedarme soltera y sin hijos. La vida te da tiempo para llegar a lo que quieres, hay que saber esperar.

¿Cómo concilias tu vida laboral con la personal?

Sin dormir, con esfuerzo y organizando mi día a día muy bien.

Ahora que tienes un hijo, ¿ha cambiado tu forma de ver la educación?

Quiero que mi hijo estudie, que sea autónomo, que se prepare para el mundo laboral y que tenga las mismas oportunidades y derechos que los demás. Quiero que sea feliz.

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