Philomena Franz

Philomena Franz, nacida en Biberach an der Riss (Alemania) en 1922, en una familia de gitanos sinti que se dedicaban a la música. Es una sobreviviente sinti del Holocausto. Escribe cuentos gitanos y organiza eventos literarios en las escuelas de donde vive, en Rosrath, cerca de Colonia. Fue la primera mujer sinti en recibir el premio más importante de Alemania, la Cruz Federal al Mérito, por sus actividades en pos de la comprensión y la conciliación.

Su padre  Johann tocaba en un cuarteto de cuerda que obtuvo en 1906 la “Rosa de Oro” que otorgaba el Príncipe  Wilhelm II de Württemberg, y que éste le entregó en propia mano. En 1942 fue asesinado en el Campo de Mauthausen.

Eran gitanos caseros, no eran nómadas, al igual que la mayor parte de los gitanos y gitanas que cayeron víctimas del Samudaripen, el genocidio antigitano durante el nazismo que se llevó por delante la vida del 80 % de la población gitana europea.

Desde noviembre de 1935 las leyes raciales de Nüremberg se aplicaron a los gitanos, pero  Philomena y su familia lograron esquivarlas hasta 1938, cuando fue identificada como gitana y tuvo que dejar la escuela, ya que no estaba permitido que los alemanes no arios fueran a secundaria.

En 1939 entró en vigor el “Decreto de fijación” de los gitanos: todos los miembros de la familia tenían que registrarse en un censo específico que incluía la toma de las huellas. A partir de ahí, no podrían viajar. La promulgación de este decreto pilló a la familia en un viaje de regreso de París, en su propio coche y con todos los instrumentos musicales que les fueron confiscados. Ya no podrían actuar como músicos. Los convirtieron en mano de obra esclava en fábricas. Philomena Franz fue obligada a trabajar como esclava en la empresa de municiones Haga de Stuttgart.

«Mi hermana y yo fuimos obligadas a trabajar en una fábrica de municiones. 12 o 14 horas al día. Todos los días. Sin mascarillas. Por nuestras manos pasaban cada día 150 bombas explosivas… En unos pocos días, los ojos y todo el cuerpo, me escocían y se me pusieron de color amarillo. Las fuerzas me abandonaron, ya no podía más. El supervisor se dio cuenta y me golpeó en la cara».

Fue deportada a Auschwitz desde su trabajo. Llegó el 21 de abril de 1944 y fue registrada con el número de prisionero Z-10.550. El 25 de mayo de 1944, como castigo por haber participado en una insurrección, la trasladaron al campo de concentración de mujeres de Ravensbrück. De allí también intentó huir. Fue capturada y ese intento de fuga le costó 10 días en la celda de castigo, sin ver la luz. Fue trasladada al Campo de concentración de Neuengamme, de donde se escapó definitivamente: atravesó a nado el Río Elba y se refugió en casa de unos campesinos hasta que llegaron las tropas rusas.

El Samudaripen/Porrajmos se llevó por delante a sus padres, tíos, sobrinos, sobrinas y a cinco de sus siete hermanos. Uno de sus hermanos supervivientes incluso fue soldado de la Wehrmacht (el ejército alemán) como muchos otros gitanos. La mayoría de ellos fueron deportados desde el frente a los campos de concentración.

Su hermana, a la, que vio morir en Auschwitz, le dijo que renunciara a la venganza. Le costó aceptarlo pero después ese mensaje le ha ayudado a vivir.

Su primer libro ‘Zigeunermärchen’ (Cuentos de hadas gitanas) fue publicado en 1982,  dirigido al público infantil. No solo contiene cuentos, sino que  Philomena aprovechó para introducir en él los usos y costumbres de los gitanos. Philomena sentía que la gente no consideraba iguales a los gitanos y con su libro pretendía cambiar el modo en que la gente nos mira.

En su segundo libro, ‘Zwischen Liebe und Hass, Ein Zigeunerleben’ (Entre el amor y el odio, una vida gitana), publicado en 1985, Philomena narró su biografía: su infancia feliz, la expulsión de la escuela, el trabajo forzado, Auschwitz yel  tener que empezar de cero. Es uno de los primeros libros escrito por uno de los supervivientes del Samudaripen/Porrajmos.

Philomena ha presentado su testimonio en instituciones educativas y medios de comunicación. La razón que la llevó a realizar esta labor en las escuelas es porque su hijo mayor, en 1960, sufrió experiencias de discriminación en la escuela de Colonia a la que iba. Los demás niños lo insultaban llamándole “sucio gitano”.

Pero poco a poco fue entendiendo que el hecho de haber sobrevivido al genocidio le otorga una responsabilidad en dar a conocer su experiencia como víctima de la persecución nazi. Además, como cristiana devota, estaba convencida de que Dios le había permitido sobrevivir con el fin de que pudiera informar al mundo.

Actualmente Philomena tiene una hija y cuatro hijos y vive en Colonia (Alemania).

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